
Sé que hay otras vidas porque no se puede tener tanto miedo en una sola .
Algunos miedos son ancestrales , inherentes al ser humano , desde las cuevas hasta ahora , pero otros no son evolucionistas .
Sencillamente no caben en una vida sola .
Yo he debido ser representante de comercio varias veces, y he podido hasta ser hombre , cabeza de familia, de una década oscura , siempre española , en una vida que tenía sus noches caídas a capa y espada demasiado pronto, un vendedor que no vendía lo suficiente y besaba la frente de sus niños , y antes de irse a dormir , fracasado y vencido, dejaba caer una lágrima ,una persona que irremediablemente odiaba la perra vida y al mismo tiempo la amaba con rabia .
Uno de estos individuos a los que siempre deja la novia o despiden del trabajo, porque en ningún momento se terminan de creer que de verdad hay que vender patos de goma o aspiradoras , pero que saben que han de hacerlo porque tienen cargas familiares ,( a eso siempre se llega), y van a rastras con el alma metida en los charcos , deseando no ser vendedor sino artista .
Un vendedor con complejo , podríamos decir , un carroñero que no quiere serlo es un ser que pasa mucho, muchísimo miedo .
Yo sé lo que es ese miedo, y lo peor es que conozco a más gente absolutamente brillante con el mismo pánico metido en las venas, por cuya acción devastadora te ves obligado a vivir varias vidas hasta que comprendes .
Y un domingo de Octubre comprendes por fin , en tu enésima vida , luna llena transitando por Aries , un poco hacia la derecha y con poniente en la playa de Huelva , que lo único que vale es un río de espuma blanca llevándose la risa de una niña , tu propia risa lanzada al viento , las fuerzas por fin abandonadas en las olas salvajes, soy tuya, mar , dame lo que quieras o no me dés nada , basta con agradecer lo que ya tengo .
Porque en veinte , treinta años no estaré aquí , no tendré que volver para aprender nada , porque ya sé cómo se celebra la vida , y la vida no está en aquel salón familiar con lámparas encendidas donde haces cuentas encima de una mesa de caoba , ni en los despachos de una empresa donde creen los muy desgraciados que deciden tu futuro , ni en la autocompasión de fracasar por no vender productos de terceros a primeros incautos.
Y es que hoy el mar tenía una fuerza arrolladora ;
dos veces me ha tirado a la arena , y ahora llevo la rodilla desollada , pero todavía me suenan nuestras risas en la cacerola que se conecta al corazón , y tengo más vida y más luz que nunca , y en momentos así no me acuerdo de la usura .
Porque pasar demasiado miedo acaba por traer usura y abandono , y el mar es todo fuerza, generosidad pura .
Como nosotros mismos, como yo misma, cuando deje de tener miedo , aunque parece que a veces ,sólo algunas veces , se me da el regalo de comprenderlo .
