Pasando por alto el insoportable sentimentalismo que me ataca estos días , quizá alentado por el hecho de que estoy pasando por calles, plazas, parques , y hasta árboles, que me vieron en otra vida , hace más de nueve años, antes de que me fuera de este pueblo,trataré de explicar cómo ser insociable se vuelve una losa; el cambio de casa ha sido como entrar en un viejo molde, donde algunas cosas han cambiado y otras siguen exactamente donde estaban , y no tener a quién contárselo duplica el peso del corazón de forma contundente .
Esto que explico es como morirse y haber vuelto , y sin duda así debe ser desde que el mundo comenzó a girar y el encuentro entre chichi y pilila dio lugar a tantos humanos desarraigados y / o felices, exitosos, suicidas , amantes o ingratos; morir para volver a saber lo que es un olivo, pasear por el campo y decir , ya lo sé, ya lo vi antes , este tronco no se me olvidará jamás ni aunque muera mil veces, un olivo no es una cosa cualquiera , por ejemplo:
así yo hoy me he sentado en un banco del parque de Dos Hermanas donde estaba una persona , conmigo , hace tiempo , y hoy me acompañaba la niña , y sentí como si el tiempo no hubiera pasado .
O como si todo diera exactamente igual , no sé si me explico .
La extrañeza de una nueva vida a mi lado, a la que doy todo lo que puedo de mí en detrimento de mi desarrollo social , a pesar de las amenazas de la ley de la selva , ("cuando tenga novio te olvidará durante días o semanas , te dejará en un asilo o en una gasolinera ", dice mi amigo C.), hizo el resto .
Esa sensación que ya conozco de vértigo , como cuando rozas lo eterno delante de un cuadro o tocando una muralla romana en la que no hace tanto, o sí, se apoyó el culo de una prostituta recibiendo a un soldado borracho , y sientes que ella pensaba en otra cosa, así mismo el banco indemne se convirtió en mi excusa para decirle a la niña aquello que tanto me fastidiaba a mí escuchar ;
"Tu padre y yo estuvimos sentados en este banco " .
Mi hija es más lista que yo , no se queda atrapada en ningún pegamento emocional , porque es una niña;
con esa frescura me dijo que sí a todo, que ya había visto fotos de los dos paseando por ese parque . (tiene razón , las fotos de la boda se hicieron allí).
Fuimos a sentarnos en la hierba;
a lo lejos , la gente sociable disfrutaba de sus propios gritos familiares en reuniones de domingo , ésas que me producen alergia y hemorroides.
Yo misma podría ser como ellos; al contacto con los parecidos (que no semejantes ) soy normal , incluso con más sentido del humor que la media y del barro grueso me salen filigranas ; de hecho muchas veces he participado , a través de diferentes épocas;pero resulta que últimamente siempre estoy sola , a lo sumo con la niña , y que esto es así por elección propia.
Caminar , salir a comer , sentarnos en un parque , ir al cine ,siempre las dos solas , quizá no sea bueno del todo, luego me sorprendo si ella amenaza con desarrollar mutismo selectivo, si yo la estoy enseñando silenciosamente a no juntarse con nadie .
Es lista, como digo, y pensará que debe haber una razón para que no formemos parte del convenio dominguero de calles, plazas y parques;
y claro que la hay, la fundamental es que aunque tengo amistades , me cansa muchísimo tener que hablar cuando puedo pensar , pero cómo explicas esto a una niña , y ahora que lo pienso, cómo me lo explico a mí misma , que acabo de descubrir que el tiempo no tiene la más mínima importancia .
Quizá tenga la inmensa suerte de poder conocer a alguien a quien hablarle de todo esto , alguien muy hombre y muy escondido en algún punto de Andalucía donde el viento limpie los insomnios y el sol sea la única franja horaria de mi cuerpo;
alguien que no crea que estoy loca , que pienso demasiado o que tengo la crisis de manual que todo el mundo ha leído alguna vez;
me parece que hace rato ya que me está pitando la olla y tengo que apartar el arroz , antes de que se me pase definitivamente .
Otro rato más y el banco del parque me esperará convertida en anciana encorvada repleta de recuerdos.
Y será más difícil recuperarse del ostión de un domingo , de la soledad bordada a mano con puntadas de libertad.


