
Me llamo Maru , y soy supersticiosa.
Intento dejar mi adicción a los canelones congelados, los pistachos iraníes , al chocolate en todas sus formas .
Intento despejarme subiendo escaleras, leyendo orientales con escuadra y cartabón , respirando hondo en los sobacos ajenos ,por aquel puntito masoca de los cristianos.
(No se supera tan fácil aquel corazón de Jesús que presidía la habitación de mis padres , que seguro follaban a oscuras).
Tengo manías a todas horas , una de ellas es la cerveza , mi panacea líquida para humedecer el cerebro y no ser tan negativa, y otra es la de cambiarme de pendientes si me pasa algo malo con ellos .
Un ejemplo, este verano iba con mi sobrino de cuatro años dando un paseo y un autobús repleto de alemanes casi nos atropella ;
acto seguido, me quité los pendientes y los tiré allí mismo, en una papelera del paseo marítimo.
No puedo saber por qué lo hago , pero no lo evito ni lo evitaré jamás , porque sólo las inteligencias superiores , más cerca del allá que del abominable acá, pueden entender que la superstición en realidad es un éxodo de energía , un pacto con el que manda , la negociación constante , la única religión hecha a medida .
Sólo yo puedo saber , por ejemplo, que si me quito los pendientes del mal vahído tendré más suerte la próxima vez , que los simbolitos que cuelgan de mis orejas significarán para siempre algo bueno o malo y que soy yo la que puede elegirlo, tirándolos o eligiéndolos.
Se me permite así castigar a los dioses viejos y premiar a los jóvenes que vendrán a mi vida con más ganas de hacer bien las cosas, como si en vez de adornos para las orejas fueran novios o amantes .
Y soy tan libre y tan hermosa , la regente absoluta en mi país de carne blanda y entrañable, me da la gana,yo mando, yo tiro los pendientes si no se portan bien , es así.
Sólo dos cosas evidentes ;
que son pendientes y no zapatos porque soy pobre , toda superstición tiene su economía .
La otra cosa es que ya tengo comprados el par de pendientes nuevos que me pondré cuando vuelva a casa después de estar contigo esa tarde en que me digas con tu voz de pato que no podemos vernos más porque has vuelto con tu mujer .
O porque tienes algo mejor.
O porque se te ha roto el embrague .
O por lo que sea.
Y es que además de supersticiosa, también soy adivina .