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viernes, 13 de noviembre de 2009

Tanatorios y depuradoras



Los musulmanes de Sevilla llevan años intentando levantar una mezquita .
El Ayuntamiento a su vez  lleva años buscando una ubicación para ello, intentos de concesión que se hacen para luego cambiar de opinión , casi siempre por el desacuerdo de los vecinos de esas zonas;
primero fue en los Bermejales , y nada ; más tarde en la Cartuja, precioso residuo de la Expo donde los espacios son abiertos y hay alojadas bastantes empresas, aparte del bello monasterio de la Cartuja , y sobre todo bastante espacio; tampoco pudo ser.
El último intento está siendo un barrio obrero llamado San Jerónimo , en la zona norte, cerca del cementerio y la depuradora de aguas ; al otro lado el río y un poco más allá , el asentamiento chabolista más antiguo de Europa, el Vacie .
Aquéllos que buscan en la vida diaria el derecho constitucional a la libertad de culto no encuentran nada en una ciudad mariana como la nuestra .
Se roe el hueso duro de la intolerancia después del 11M y el 11S , eso está claro;
tan claro está que cuando mi amigo K. , casado hace años con mi amiga I . me pasó unas hojas para recoger firmas pro mezquita , las acepté y las llevé mucho tiempo en la guantera del coche .
Nunca tuve cojones para pedirle a nadie una firma para esa causa.
Respiro hondo y reconozco mi cobardía , pero una conoce su tierra y sabe dónde está el pie que cojea.
Y no le gustan las discusiones ni se dedica a la política , donde se ha de batallar   con la ignorancia y los insultos sin que tiemble el pulso .
Una es más de poemas de amor y utopías, cuando todo el mundo levanta su copa y brinda por la paz mundial y la concordia entre humanos y dice aquello que se dice en los maratones pro-alimentos típicos de la Navidad y se cree que es muy bueno porque llora con los documentales sobre el subdesarrollo .
Una esconde su profunda decepción ante el ser humano y prefiere fijarse en que esta ciudad alberga millones de emigrantes sin problemas aparentes  y que en primavera explotan las flores y se derraman los azahares y que por eso un dúo de gorilas canta que tenemos un color especial .
Una se alegra de no haberse dedicado a la política cuando oye declaraciones como las de una señora , portavoz del barrio de san Jerónimo , diciendo que el barrio ya está harto de "acoger aquello que nadie quiere " , como el tanatorio y la depuradora .
Tiene razón ; por qué no construyen en san Jerónimo un complejo comercial como los de Dubai , para que los jeques aparquen sus limusinas al lado del supermercado "El jamón " y compren el cupón de la Once en la esquina .
A qué poner allí a rezar un montón de musulmanes de clase media , o baja, terroristas en potencia , que el día menos pensado , ya se sabe.
En fin .
Creo que mi amigo K.  ha rezado durante una década entera en un garaje , pero no sé si seguirá haciéndolo , hace tiempo que no le pregunto .
Quizá lo llame este fin de semana .

sábado, 7 de noviembre de 2009

Pequeña vida

Pequeña vida que estás aquí ahora mismo
que te escurres casi siempre del futuro
y que ya faltaste a clase en el pasado
no pretendas completar todos los círculos
deja de sufrir en tu agonía
aprende a combinar la muerte y el deseo
guarda tus monedas en la hucha
nadie va a venderte el guión de tu existencia
en todo caso será una fotocopia.

Pequeña vida amante del sol de mediodía
atravesada  con la espuma de cerveza
arranca esa careta de amargura
ahí delante hay un seto para que la ocultes
vete a hacer una cola en el Macdonalds
hasta eso será más divertido
que quedarte aquí rumiando tu tristeza
pensando que  lo bueno ya ha ocurrido.


Pequeña vida que contiene atardeceres
un cuerpecillo blanco y ondulado
que comienza a vararse en las orillas
noqueada por el tiempo transcurrido
porque nadie  le ha pedido permiso
para teñir de azul la piel ni la sonrisa
que cada vez tiene menos habitantes .


Pequeña vida que estás agazapada
en el inclemente cambio de estaciones
que temes esos vientos que saben desnudarte
las miles de horas que adelgazan una noche
hasta descorrer el velo el nuevo día
y te sueltan a bailar tan frágil , reducida
a una pobre  sirena caducada ,que pretende

seguir ahogando hombres con su perfecta boca
que ya ha perdido el dulce y el deseo.

martes, 27 de octubre de 2009

Confesión


Me llamo Maru , y soy supersticiosa.

Intento dejar mi adicción a los canelones congelados, los pistachos iraníes , al chocolate en todas sus formas .

Intento despejarme subiendo escaleras, leyendo orientales con escuadra y cartabón , respirando hondo en los sobacos ajenos ,por aquel puntito masoca de los cristianos.

(No se supera tan fácil aquel corazón de Jesús que presidía la habitación de mis padres , que seguro follaban a oscuras).

Tengo manías a todas horas , una de ellas es la cerveza , mi panacea líquida para humedecer el cerebro y no ser tan negativa, y otra es la de cambiarme de pendientes si me pasa algo malo con ellos .

Un ejemplo, este verano iba con mi sobrino de cuatro años dando un paseo y un autobús repleto de alemanes casi nos atropella ;

acto seguido, me quité los pendientes y los tiré allí mismo, en una papelera del paseo marítimo.

No puedo saber por qué lo hago , pero no lo evito ni lo evitaré jamás , porque sólo las inteligencias superiores , más cerca del allá que del abominable acá, pueden entender que la superstición en realidad es un éxodo de energía , un pacto con el que manda , la negociación constante , la única religión hecha a medida .

Sólo yo puedo saber , por ejemplo, que si me quito los pendientes del mal vahído tendré más suerte la próxima vez , que los simbolitos que cuelgan de mis orejas significarán para siempre algo bueno o malo y que soy yo la que puede elegirlo, tirándolos o eligiéndolos.

Se me permite así castigar a los dioses viejos y premiar a los jóvenes que vendrán a mi vida con más ganas de hacer bien las cosas, como si en vez de adornos para las orejas fueran novios o amantes .

Y soy tan libre y tan hermosa , la regente absoluta en mi país de carne blanda y entrañable, me da la gana,yo mando, yo tiro los pendientes si no se portan bien , es así.

Sólo dos cosas evidentes ;

que son pendientes y no zapatos porque soy pobre , toda superstición tiene su economía .

La otra cosa es que ya tengo comprados el par de pendientes nuevos que me pondré cuando vuelva a casa después de estar contigo esa tarde en que me digas con tu voz de pato que no podemos vernos más porque has vuelto con tu mujer .

O porque tienes algo mejor.

O porque se te ha roto el embrague .

O por lo que sea.

Y es que además de supersticiosa, también soy adivina .