
Qué importa si me despeño calle abajo
si colecciono locos o insensibles
si llevo sus orejas en el bolso
como una torera sin fortuna ;
qué importa protestar , poner reclamaciones
si al final a un chasquido de los dedos
puntúo igual que en la última faena
idénticos desmanes , muy parecidos vicios
el algodón de azúcar de los solos .
Qué importa ser de esa otra forma
si tu perfil no encaja en la repisa
si me caigo de las manos así de madrugada
y vuelvo con la gorra ladeada , pelo desordenado
arena del desierto en los bolsillos
otra vez igual, dolorida y contenta
con un pincel de goma que no pinta
la inspiración mortal de la esperanza
y nadie a quien contárselo .
Qué importa ser tan dura de mollera
(ya era así en el patio del colegio
cuando Nico me llevaba en sus espaldas
provocando mi risa verdadera)
y esperaba que traspasara los muros
que cruzara los ríos
que atravesara un valle
siempre conmigo a cuestas
hasta que tuviéramos edad para casarnos;
qué importa ser así , sexualmente activa ,
engañadora, diplomada en estrés y soledades,
encendiendo las velas y las almas
que se despliegan libres en mis muslos
aunque el viento del norte siempre acabe poniendo
a cada uno en su casa
y Dios en la de todos .






